Actividad 16 - Argentina en el 2001

El impacto del neoliberalismo en Argentina hasta el colapso de 2001 





 

 Adamovsky, Ezequiel (2020) Historia de la Argentina. Biografía de un país.

(Desde la dictadura y con Menem) Con la aquiescencia de buena parte de la jerarquía sindical y de casi todo el partido peronista, se eliminaron o redujeron en tiempo récord la mayoría de las protecciones arancelarias a la industria y buena parte de los subsidios (aunque se conservaronunos y otros discrecionalmente para quienes tenían llegada al gobierno). También se privatizaron prácticamente todas las empresas públicas, incluyendo la gigantesca YPF. (…) El desmantelamiento de la capacidad reguladora del Estado fue casi total. Los financistas e inversores se beneficiaron de derechos y garantías inéditos para desarrollar actividades a su antojo, sin controles ni restricciones.

Las consecuencias de esas políticas fueron devastadoras. Decenas de miles de empleados estatales fueron despedidos. Ramales enteros del ferrocarril se cerraron como parte de su privatización —la red pasó de tener 35.000 kilómetros a solo 8.000 —, por lo que comunidades enteras se transformaron en pueblos fantasma. La competencia de los productos importados profundizó el proceso de desindustrialización que había comenzado en la dictadura. Numerosas quiebras de pequeñas y medianas empresas y comercios dejaron en la calle a decenas de miles de obreros, empleados, técnicos y antiguos propietarios. El Conurbano bonaerense fue la zona que más padeció: en los años noventa desaparecieron allí 5.508 plantas industriales y, solo en el primer lustro, el sector manufacturero eliminó 200.000 puestos de trabajo. Para 1995, el desempleo y el subempleo alcanzaron el 33,8% (…) El cambio que resume todos los cambios fue el del enorme crecimiento de la desigualdad. En la ciudad de Buenos Aires y su Conurbano, en el año 1974, el 10% más rico de la población contó con ingresos en promedio 12,3 veces mayores que los del 10% más pobre. Para octubre de 1989 —en vísperas de la asunción de Menem— la brecha ya había crecido a 23,1 veces. En mayo de 2002, durante el pico de la crisis generada por las políticas menemistas, la cifra trepó otro tanto: los más ricos ganaban entonces, en promedio, 33,6 veces más que lo que ganaba el 10% menos afortunado. 

Tras la victoria de Fernando de la Rúa en 1999, toda expectativa de cambio se vio defraudada. Para hacer frente a la agobiante deuda externa con una economía estancada, el presidente tomó otro enorme préstamo del FMI, presentado como un «blindaje», que, sin embargo, se canalizó inmediatamente hacia la fuga de divisas (...)

Previsiblemente, en las elecciones legislativas de octubre la Alianza sufrió una aplastante derrota frente al peronismo. Pero además se produjo entonces un hecho inédito: un 22% de los ciudadanos optaron por el «voto bronca», es decir, votaron en blanco o anularon su voto, y otro tanto se abstuvo de ir a votar. Fue su forma de manifestar la pérdida de confianza en los políticos, cualquiera fuese el partido al que pertenecieran. A la crisis económica se sumaba ahora una crisis de legitimidad no solo del gobierno, sino de la totalidad del sistema político.

Fue la peor crisis económica de toda la historia argentina, la conclusión de años de medidas neoliberales. Por sus efectos, un 54% de la población cayó pronto bajo la línea de pobreza (un 27% bajo la línea de indigencia) y la tasa de desocupación superó el 20%. Miles de personas de clases populares o de sectores medios empobrecidos quedaron en total indefensión; muchas consiguieron sobrevivir gracias a los clubes de trueque (quienes participaban entonces llegaron a proveerse a través de ese sistema de hasta un 40% o más de sus necesidades cotidianas). Otros nutrieron un impresionante ejército de cartoneros que todas las noches recorría la ciudad y los basurales en busca de reciclables para vender. La catástrofe, sin embargo, potenció reacciones de resistencia y solidaridad que produjeron un giro inesperado en la política.

Aunque algunos quisieron interpretarla como una «revuelta de clase media» porteña motivada por el «corralito», se trató más bien de una rebelión popular plural y múltiple en su composición social.

Formó parte de una trama de acontecimientos protagonizados tanto por sectores medios como por clases populares en todo el país.

 




 

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